¿En qué consiste el hacktivismo?

Seguro que alguna vez has escuchado hablar del grupo de internautas que, bajo la máscara de Guy Fawkes, luchan en pro de la defensa de la libertad total de la información en Internet. Dichos individuos, que emplean el seudónimo de Anonymous para autodenominarse, conforman una de las numerosas manifestaciones que existen en el denominado underground digital.

Definición del underground digital

Para poder definir esta zona oscura e invisibilizada de Internet, se podría hacer una analogía con la propia cultura de masas. De igual forma que ocurre con esta última, en Internet existen dos lógicas contrapuestas de acción: por un lado, la del sector mayoritario, donde convivirían los grandes medios de comunicación digitales y la mayoría de los usuarios de Internet y, por otro lado, un sector minoritario -de ahí la utilización del término underground– que pretendería distanciarse de las lógicas de mercado y las regulaciones estatales por las que se rigen los medios convencionales.

Fuente: techarta.com

El underground digital -concepto atribuido al escritor Bruce Sterling en su obra The hacker crackdown– es, según Juan Pecourt, “un espacio social diferenciado, emplazado en el universo digital, que comparte cierta cohesión interna y un alto grado de reflexividad, y que tiene, al menos potencialmente, los rasgos de un objeto social de carácter planetario”. Además, encontramos que este ciberespacio alternativo no solo se rige por su condición de movimiento contracultural, al oponerse a la cultura hegemónica, sino también por su carácter subcultural al tratarse de manifestaciones que, desde abajo, luchan por defender las culturas locales como “nodos operativos de una red universal” (Sophia Battocchio, 2014).

La cuestión está en que, si bien es cierto que las comunidades de este Internet alternativo son numerosas y heterogéneas, ¿se podrían localizar características comunes entre estas? La respuesta es sí y podrían clasificarse de la siguiente forma:

  • Comparten un “sentido pragmático” (Juan Pecourt, 2015) a través del cual buscan soluciones práctico técnicas a los problemas informáticos de hardware y software.
  • Mantienen un carácter de oposición y distanciamiento respecto a la cultura dominante.
  • Como consecuencia de lo anterior, plantean la posibilidad de crear una realidad basada en la apertura y la experimentación donde “se busca que la construcción permanente del espacio sea el fruto de una cooperación sin mando (Sophia Battocchio, 2014).

Agentes de acción

Dentro de estas numerosas comunidades existen diferentes intermediarios y es The Jargon File -un documento de dominio público que habla sobre la tradición de los hackers- el que presenta la división fundamental entre el hacker (o white hat) y el cracker (o black hat). El primero de ellos se define como “una persona que disfruta explorando los detalles de los sistemas programables y cómo aumentar sus capacidades”, mientras que el segundo se trata de un usuario que, además de conocer cómo entrar en sistemas ajenos, lo hace empujado por fines delictivos como el robo de información valiosa. Además de estos dos agentes, también encontramos a los llamados geeks: usuarios que, a pesar de no tener conocimientos tan avanzados como los dos anteriores grupos, muestran una fascinación por el mundo de la informática y participan activamente en él (como pueden ser los gamers, los programadores o los ciberpunks).

Fuente: Chriss Benitez
Si le interesara conocer información más detallada sobre esto pinche aquí.

Dentro de todo este amalgama alternativo es donde nos moveremos para poder explicar el concepto del hacktivismo (unión de los términos “hacker” y “activismo”). Este se podría definir como un movimiento social conformado por profesionales informáticos que, a través de provocar fallos a los sistemas de entidades privadas o gubernamentales, luchan por reivindicar el cumplimiento de los Derechos Humanos y la libertad de información entre otros. Los casos más destacables de hacktivismo son las acciones llevadas a cabo por Anonymous y por WikiLeaks, a los cuales se les dedicará una entrada específica para cada uno en las próximas semanas.

Una revolución (i)legal

Uno de los complejos problemas a los que se enfrenta el hacktivismo desde sus inicios es la legislación que los gobiernos constantemente desarrollan sobre los crímenes cibernéticos. Además, los intentos de hacer que estas leyes sean cada vez más restrictivas son constantes, lo que acaba provocando nuevas protestas por parte de estos grupos de hackers en pro de la defensa de la libertad de información. Ejemplos de hackers que fueron perseguidos y tachados de criminales hay miles como es Kevin Mitnick o Gary McKinnon.

La dificultad de todo este debate es establecer hasta qué punto el marco regulatorio impide la realización de acciones por parte de los hackers en Internet, los cuales muchas veces son criminalizados y tachados de ciberterroristas. De hecho el mismo Código Penal español, en su artículo 197, incluye ciertas actividades que podrían entrar dentro del marco del hacktivismo ético y que son penadas por ley (ESIC, 2018).

Como bien explica el vídeo, nos encontramos en una situación donde los hackers muchas veces siguen confundiéndose con los crackers y, por esto mismo, muchas veces disfrutan de los retos que supone encontrar las vulnerabilidades de los sistemas ajenos de forma anónima (como es el caso de Anonymous). Es cierto que la comunicación libre de dominio, la cual llevan defendiendo los hackers desde prácticamente la década de los ochenta, siempre está expuesta a ruido, pero esto se minimiza “cuando se colectiviza la información, el conocimiento y sus productos” (Eugenio Moya, 2011).

Es fácil tachar de criminales a agentes que van en contra de las grandes organizaciones gubernamentales si la legislación está desarrollada por estas últimas. Por tanto, no estamos ante un debate de tipo legislativo donde se deba reflexionar sobre qué es o qué deja de ser legal en la filtración de documentos. Nos encontramos más bien dentro de un debate ético donde se debería estudiar qué información residente en Internet es de interés público para cualquier usuario y cuál no lo es y, a partir de ahí, establecer pautas que velaran por la transparencia política de entidades tanto privadas como públicas permitiendo la navegación pública de sus archivos.

El hacktivismo lleva luchando desde sus orígenes por una cultura que promueva la integración de perspectivas plurales dentro de los contenidos digitales, la cual entienda el conocimiento como algo complejo, heterogéneo y abierto. Sin embargo, los riesgos que enfrenta el ir en contra del sistema de valores predominante continúa siendo la principal razón por la que, como dijo The Mentor en su manifiesto The Conscience of a Hacker, los hackers siguen siendo considerados criminales por curiosear a través de la información que les brinda Internet.


Yes, I am a criminal. My crime is that of curiosity. My crime is that of judging people by what they say and think, not what they look like. My crime is that of outsmarting you, something that you will never forgive me for. I am a hacker, and this is my manifesto.  You may stop this individual, but you can’t stop us all… after all, we’re all alike.

The Mentor, 1986

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